Prisionero

Horus en su prisión,
enloquecido,
sangra, llora.

¡Pena de muerte!
¿Quién es culpable?
La luna,
mas no su luna.

¡No soporta sus cadenas!
Va desgarrándose su alma,
su cuerpo, ¿dónde lo encuentra?
Ay, que se muere,
ay, que se ahoga
en ese mar de bejucos,
en ese vino salado.

¿Quién le tenderá su mano?
Se ha dormido Isis.
¿Osiris cuándo existió?

Apomíctica nació
marginada la semilla
con deseo de escapar
a los dientes voraces
del sin saber comensal
entre el fuego y la lluvia.

Sigue llorando,
encerrado y perdido,
pero su voz
aún no resuena a lo lejos,
es dulce y tenue,
apagada y profunda.

Se buscan oídos,
corazones y penas.
A mil millones de luces.
¿Quién da mas?
¿No se oye? ¿Quién da mas?

Se compra una madre azul,
una impermeable
y un padre enmascarado
que no suelte sus cobijas
ni recueste la cabeza
entre aguijones y hormigas.

Ha muerto y llora su madre.
Ladran los perros
detrás de su sombra,
la de un alma pereciendo,
que al mundo rehuye
y ante la vida se esconde.

¡No! que le ocultan
entre las cáducas hojas
una vela y una flor.
Horus ha muerto
antes que saliera el sol.


Cristino Alberto Gómez Luciano
13 de marzo del 2008

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